En medio de una creciente efervescencia dentro del peronismo bonaerense, el gobernador Axel Kicillof movió sus fichas para intentar aplacar la disputa interna y reordenar la estrategia de cara al escenario electoral. Durante las últimas horas, el mandatario provincial instruyó formalmente a los principales dirigentes de su armado político a evitar cualquier tipo de confrontación directa con Máximo Kirchner y los sectores duros de La Cámpora, redirigiendo todos los esfuerzos discursivos a polarizar con la gestión del presidente Javier Milei.
La bajada de línea se terminó de consolidar en la mítica quinta de San Vicente, donde el gobernador encabezó un acto en conmemoración de un nuevo aniversario del fallecimiento de Juan Domingo Perón. Kicillof estuvo rodeado por la vicegobernadora Verónica Magario, un nutrido grupo de intendentes del Conurbano y ministros clave de su gabinete, en una muestra de centralidad territorial que busca amortiguar los constantes ruidos provenientes del Instituto Patria.
Ignorar los ataques y capitalizar el desgaste nacional
La orden de no responder a los agravios ya había sido transmitida por el mandatario durante un encuentro reservado con los referentes del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), su línea interna partidaria. La decisión del «silencio estratégico» surge como respuesta directa al virulento discurso que Máximo Kirchner pronunció días atrás en Parque Lezama, colmado de dardos hacia la gestión de La Plata. Pese al malestar existente en el entorno del gobernador, la mesa chica del «axelismo» optó por no contestar las agresiones y enfocar la energía en el desarrollo de una campaña presidencial que, por el momento, se mantendrá con un perfil medido y de gestión.
Los estrategas del Gobierno bonaerense sostienen esta postura basándose en los recientes estudios de opinión pública. Los últimos sondeos de consultoras como Management & Fit revelan que la desaprobación de la gestión nacional alcanzó su pico histórico al situarse en un 58,2%. Ante este panorama de marcado desgaste del oficialismo nacional, Kicillof entiende que el peronismo logrará volver al poder únicamente si se posiciona como el opuesto directo a las políticas de la Casa Rosada, evitando que las disputas de cartelera decoloren la alternativa opositora.
El fantasma de la fractura y el desafío de las PASO
Sin embargo, el clima de desconfianza mutua con La Cámpora no cede. Desde el kirchnerismo duro insisten en que Kicillof no es el candidato natural de Cristina Kirchner y evalúan seriamente alternativas federales o nombres propios como el de Eduardo «Wado» De Pedro. El plan de máxima del sector camporista contemplaría una jugada de extremo riesgo político: no competir dentro de una estructura unificada, sino presentarse por fuera del PJ tradicional para retener el voto identitario de la expresidenta, un movimiento táctico que podría fragmentar el caudal electoral y poner en riesgo un triunfo del peronismo.
Ante esta posibilidad de ruptura, el riñón político de la gobernación salió a marcar la cancha. El ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, recogió el guante y desafió públicamente a la conducción de La Cámpora a dirimir las diferencias de liderazgo mediante las urnas institucionales. «El año próximo va a ser el año en que se definan las candidaturas. Se verá cuál es la forma concreta, la forma particular en que se definan las candidaturas, pero está vigente el sistema de las PASO», sentenció el funcionario, ratificando que el gobernador está decidido a revalidar y consolidar su liderazgo de cara al futuro.
