Las plantas dedicadas al abastecimiento del mercado interno atraviesan una crítica combinación de menor actividad, rigidez en sus costos fijos y márgenes de rentabilidad negativos. El desfasaje financiero, impulsado por las subas en las tarifas energéticas y la intensa competencia por la hacienda, pone bajo una fuerte presión al sector productivo bonaerense.
A pesar de las señales de recuperación macroeconómica que difunde el Gobierno nacional, la economía real exhibe serias dificultades en sectores clave del entramado socioproductivo del Gran Buenos Aires. Un reflejo nítido de esta coyuntura golpea de lleno a los frigoríficos del Conurbano orientados al consumo doméstico, los cuales encadenaron su cuarto mes consecutivo con balances en rojo. Las empresas de la región asumen pérdidas operativas sostenidas debido a un escenario de retracción general del consumo interno y una estructura de costos fijos que no para de encarecerse.
De acuerdo con los últimos registros de la Cámara de Industrias Cárnicas (Cainca), la problemática sectorial adquirió un carácter estructural durante el primer semestre. Si bien el mes de junio mostró un repunte del 7,6% en la faena respecto a mayo, la comparación interanual expone una caída del 4,4% contra el mismo mes del año pasado. De este modo, la actividad acumuló una retracción cercana al 9% en la primera mitad del año, una merma de volumen letal para una industria donde el 90% de las erogaciones de funcionamiento corresponden a cargas rígidas e inevitables.
Costos en alza y desfasaje en las tarifas de faena
El informe privado detalla la velocidad con la que se deterioraron las finanzas de las plantas cárnicas. Durante junio, la pérdida promedio del sector se ubicó en 22,74 pesos por kilo producido, un número que, si bien marca una desaceleración frente a los saldos negativos de marzo (70,03 pesos) y abril (42,39 pesos), consolida una dinámica de trabajo por debajo del punto de equilibrio. Esta persistencia de números negativos se explica por los fuertes incrementos sufridos en insumos esenciales como las facturas de energía eléctrica, que treparon por encima del 25%, y los costos laborales indirectos, entre los que sobresale un aumento superior al 75% en las alícuotas de las ART.
A este combo de presión impositiva y tarifaria se suma la escasez de hacienda disponible, lo que desató una agresiva disputa entre las firmas para conseguir animales y mantener las plantas en funcionamiento. Para no perder volumen, muchos establecimientos se ven forzados a ofrecer el servicio de faena a valores de quebranto. Según los cálculos de Cainca, procesar un kilo gancho demanda más de 425 pesos y, restando el recupero por subproductos, la tarifa técnica requerida para cubrir gastos debería rondar los 85 pesos; sin embargo, la feroz competencia de mercado impide cobrar ese valor real y la diferencia es absorbida directamente como pérdida por las industrias.
El contraste de la cadena y el reclamo gremial
La crisis actual presenta un escenario paradójico dentro del negocio ganadero argentino, ya que el estrato industrial es el único eslabón que opera descapitalizándose. Mientras la cría, la recría y los propios feedlots (corrales de engorde) lograron estabilizar sus rentabilidades y registrar números positivos en los últimos meses, el cuello de botella aparece exclusivamente en las plantas de transformación urbana del Gran Buenos Aires.
Ante este panorama adverso, las cámaras empresarias volvieron a reflotar un histórico pedido dirigido a las autoridades bonaerenses y nacionales: incrementar los controles sobre la informalidad comercial y profundizar la trazabilidad impositiva y sanitaria de la cadena de carnes. Desde el sector advierten que la subsistencia frente a operadores informales se vuelve insostenible bajo el actual esquema de costos de producción, transformando la realidad de los frigoríficos en una grave señal de alerta para el empleo y el sostenimiento de la actividad manufacturera del Conurbano.
