Un informe de la Universidad Nacional de La Plata expone el estancamiento estructural de los históricos municipios industriales de la región metropolitana, afectados por la apertura de importaciones y la caída del consumo. En contraste con el retroceso de distritos fabriles tradicionales como La Matanza, San Martín y Lanús, la logística y el comercio ganan terreno en el segundo cordón.
El tradicional motor industrial de la provincia de Buenos Aires enfrenta un proceso de desindustrialización persistente que reconfigura su mapa económico y social. De acuerdo con un estudio elaborado por el Laboratorio de Desarrollo Sectorial y Territorial de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), el primer cordón del Conurbano bonaerense registra un retroceso extendido en sus ramas manufactureras clave, lo que obliga a las economías locales a depender cada vez más del sector servicios, el comercio y la especulación financiera en áreas que antes ocupaban las fábricas.
La investigación detalla que distritos de gran densidad poblacional e histórica identidad fabril como La Matanza, General San Martín, Lanús, Avellaneda y Quilmes integran el lote de comunas rezagadas en la generación de valor agregado. Este retroceso está traccionado por la crisis de sectores tradicionales fuertemente arraigados en el entramado productivo del Gran Buenos Aires: la fabricación de bienes de capital, la industria textil y de indumentaria de algodón, el plástico, la siderurgia y el bloque automotriz y de autopartes.
El contraste geográfico: la logística se desplaza al segundo cordón
El informe universitario revela una marcada división geográfica dentro de la periferia del Gran Buenos Aires:
- El repliegue del primer cordón: Ante el encarecimiento de costos, la apertura importadora y el desplome del consumo interno —acentuado en los últimos meses con bajas generalizadas en productos básicos—, las fábricas tradicionales pierden terreno frente a la inercia de los servicios urbanos básicos.
- El avance del segundo cordón: Municipios como Malvinas Argentinas, Ezeiza, Esteban Echeverría y Moreno se consolidaron en el bloque de mayor aporte a la variación económica provincial. Sin embargo, este crecimiento no está impulsado por la producción de bienes, sino por la radicación de grandes centros logísticos, plantas de transporte y desarrollos comerciales formales que aprovechan la disponibilidad de suelo periurbano.
En términos globales, el sector de transporte y logística lideró la incidencia positiva en el Valor Agregado Bruto (VAB) provincial durante la última década, seguido por el software, los servicios informáticos y la salud. Esta transición sectorial hacia actividades que requieren estructuras de menor densidad de mano de obra en comparación con las grandes terminales metalúrgicas o textiles plantea un serio desafío para la absorción de empleo en los partidos más postergados del Conurbano.
