El fútbol de la ciudad de Avellaneda vivió 48 horas frenéticas en el plano nacional e internacional, pero con las realidades completamente invertidas respecto de las expectativas. Los dos gigantes de la localidad bonaerense experimentaron sensaciones diametralmente opuestas: mientras Independiente pisó fuerte en la Copa Argentina con un triunfo sólido, Racing Club sufrió un golpazo histórico en el Cilindro que sentenció su temprana eliminación de la Copa Sudamericana.
La gran sonrisa del fin de semana largo quedó del lado del Rojo. Por los 16avos de final de la Copa Argentina, Independiente barrió con autoridad a Unión de Santa Fe por 2 a 0 en el Estadio Marcelo Bielsa de Rosario. El conjunto de Gustavo Quinteros destrabó un desarrollo adverso gracias a la pelota parada y la contundencia ofensiva: un golazo de tiro libre de Santiago Montiel y un remate cruzado de Maximiliano Gutiérrez sentenciaron la historia. Favorecido también por la temprana expulsión de Maizon Fernández en el Tatengue, el elenco de Avellaneda manejó los hilos del partido, clasificó a los octavos de final (donde se medirá ante Atlético Tucumán) y se consolida como un serio candidato al título federal.
La contracara de este festejo se vivió pocas cuadras de distancia, en una noche fatídica para la Academia. En su propio estadio, Racing empató 2 a 2 frente a Caracas de Venezuela por la quinta fecha del Grupo E de la Copa Sudamericana, un resultado con sabor a derrota que lo dejó matemáticamente eliminado del certamen continental a una fecha del final. Pese a los goles de Gastón Martirena y Adrián «Maravilla» Martínez (de penal) que daban vuelta un arranque adverso por un insólito gol en contra de Gabriel Rojas, los dirigidos por Gustavo Costas pagaron carísimo sus graves errores defensivos y las insólitas ocasiones erradas en ataque. El agónico empate del volante Irving Gudiño sepultó las ilusiones internacionales académicas, desató la crisis y dejó el futuro del cuerpo técnico sumido en una profunda incertidumbre.
