La reducción de frecuencias en el AMBA y el interior bonaerense se profundiza. Mientras las cámaras empresarias advierten que los costos no cierran, los usuarios enfrentan esperas interminables y colectivos colmados en las horas pico.
El sistema de transporte público atraviesa uno de sus momentos más críticos, con una realidad que se palpa en cada parada: menos colectivos circulando y una calidad de servicio en caída libre. A pesar de los últimos aumentos en las tarifas, la brecha entre los subsidios estatales y los costos operativos reales —combustible, repuestos y salarios— ha llevado a muchas empresas a reducir sus diagramas de frecuencias para «sobrevivir» económicamente.
El problema, sin embargo, trasciende la discusión por los subsidios. Expertos señalan que el modelo actual de transporte en el Área Metropolitana (AMBA) y los grandes centros urbanos de la provincia requiere una reestructuración de fondo. La falta de previsibilidad en los pagos y la inflación han generado un círculo vicioso donde el pasajero es el principal perjudicado, perdiendo horas de su jornada en esperas que superan los 40 minutos en recorridos que antes eran habituales. Mientras tanto, las terminales lucen unidades paradas por falta de mantenimiento, agravando un escenario de incertidumbre sobre el futuro del boleto.
