Un informe del Observatorio de Tarifas y Subsidios de la UBA revela que el transporte público se convirtió en el ítem de mayor peso en el presupuesto de los hogares, superando a la luz, el gas y el agua. Durante el primer cuatrimestre de 2026, las tarifas aumentaron un 76% interanual, provocando una caída histórica del 21% en la cantidad de pasajeros y una reducción del 30% en la oferta de colectivos.
Desfasaje tarifario y caída del servicio
El gasto en transporte en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) escaló hasta representar el 12,2% del salario promedio registrado. Según los datos del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), mientras la inflación general fue del 33%, el costo de viajar subió más del doble. Esta situación se agrava por una disparidad jurisdiccional: mientras en CABA el ajuste sigue el índice de precios, las líneas nacionales e interjurisdiccionales acumularon subas del 31,4% solo en marzo.
A la suba de precios se suma una contracción drástica de la oferta. La circulación de colectivos se redujo un 30% promedio, llegando al 40% en los servicios que conectan la Provincia con la Capital. Esta merma responde tanto al encarecimiento del combustible como a una flota cada vez más obsoleta: hay 2.359 unidades menos en la calle que en 2019 y la antigüedad promedio de los vehículos subió a 7,4 años.
El impacto en los sectores populares
Para los trabajadores que dependen exclusivamente del sistema público —la denominada «demanda cautiva»—, el costo del traslado se volvió un determinante de subsistencia. En noviembre de 2025, el transporte representaba el 16,4% del Salario Mínimo; para abril de 2026, esa cifra saltó al 23%. Este incremento obliga a los sectores de menores ingresos a resignar otros gastos básicos, como alimentación, o a optar por desplazamientos a pie en distancias excesivas.
El sistema ferroviario también refleja este deterioro. Durante el último año, se vendieron 25 millones de pasajes menos. Las líneas Mitre (-28,9%) y Sarmiento (-9,6%) lideran la caída en la demanda, afectada por el «Plan de Emergencia Ferroviaria» que derivó en la reducción de frecuencias y la falta de mantenimiento en infraestructura y material rodante.
Concentración empresarial y segregación urbana
La crisis del sector convive con un proceso de concentración económica. Actualmente, siete grandes grupos corporativos controlan más del 40% de las unidades en el AMBA, diversificando sus negocios hacia otros rubros mientras reducen servicios en las zonas periféricas de menor rentabilidad. Esta lógica profundiza la segregación territorial, dejando a los barrios del segundo y tercer cordón del Conurbano con conexiones mínimas y tiempos de viaje que superan las cinco horas diarias.
Para los especialistas, la migración de usuarios hacia bicicletas o caminatas no responde a un cambio de hábitos voluntario, sino a una respuesta forzada ante la inaccesibilidad económica del sistema. En este escenario, el transporte dejó de funcionar como una herramienta de integración para convertirse en un factor de inmovilidad que dificulta el acceso al trabajo, la educación y la salud.
