Informes económicos del último trimestre exponen una «Argentina de dos velocidades». Mientras las provincias vinculadas a la energía y el agro muestran repuntes, en el AMBA la caída del salario real y el aumento de las tarifas obligan a los vecinos a recurrir al financiamiento para cubrir gastos corrientes.
El consumo en retroceso y el peso de las tarifas
La realidad en los mostradores del Gran Buenos Aires refleja un cambio de hábito forzado. Según el informe dominical, el consumo masivo en el AMBA cayó un 8% interanual, traccionado principalmente por el impacto de las facturas de servicios públicos y el transporte. En nuestros barrios, el peso de la «canasta de servicios» (luz, gas, agua y colectivo) ya absorbe más del 25% del ingreso promedio de un hogar trabajador, dejando un margen cada vez más estrecho para la alimentación y el esparcimiento.
Esta situación contrasta con ciudades del interior ligadas a la minería o la exportación agrícola, donde la actividad económica ha logrado amortiguar la inflación con mejores acuerdos salariales.
La trampa del endeudamiento familiar
Uno de los datos más alarmantes para el Conurbano es el crecimiento del crédito «de subsistencia». Ante la falta de liquidez, aumentó un 35% el uso del pago mínimo de tarjetas de crédito y los préstamos personales de corto plazo para comprar comida o pagar facturas vencidas. En las zonas más vulnerables de la provincia, este fenómeno se traduce en una mayor dependencia de las financieras de barrio, que operan con tasas de interés superiores a las bancarias, generando un círculo de deuda difícil de romper.
La fractura se hace evidente: mientras una parte del país invierte en bienes durables o maquinaria, los vecinos de la región metropolitana se endeudan para cubrir el costo de vida diario.
Salarios vs. Costo de vida en el AMBA
El desfasaje salarial es el motor de esta crisis local. Aunque las paritarias intentan seguir el ritmo de la inflación, los trabajadores del sector informal y los cuentapropistas —que representan una gran porción de la economía del Conurbano— han perdido casi 15 puntos de poder adquisitivo en lo que va de 2026. Sin un alivio en la presión tarifaria o una reactivación del mercado interno, la brecha entre el interior productivo y el Conurbano consumidor amenaza con profundizarse, dejando a la región en una situación de vulnerabilidad social persistente.
