El comercio, ubicado en San Martín y Magallanes, sufrió su cuarto asalto en lo que va del año. Los propietarios denunciaron que la Policía Bonaerense tardó una hora en llegar y que el ladrón huyó a la vista de los efectivos tras ser alertados por los vecinos.
La desprotección de los comerciantes de Lanús Oeste alcanzó un punto de máxima indignación tras un insólito episodio de inseguridad ocurrido durante la madrugada de este martes. Una tradicional fábrica de pastas, situada en la esquina de las calles San Martín y Magallanes, se convirtió en el blanco de los delincuentes por cuarta vez en lo que va del año. Sin embargo, más allá del perjuicio económico, el hecho dejó al descubierto una grave falta de coordinación policial, ya que el asaltante logró darse a la fuga a través de los techos a pesar de estar rodeado por un importante despliegue de patrulleros.
El robo comenzó cerca de las 2:00 de la mañana cuando el malviviente accedió por la parte superior del local y procedió a cortar la luz para inhabilitar las cámaras de seguridad. Su plan se vio frustrado momentáneamente por la activación de una alarma de humo que lo dejó atrapado en el interior. A pesar del aviso inmediato a las fuerzas de seguridad, la Policía Bonaerense tardó una hora exacta en arribar al lugar, una demora que quedó registrada por los sistemas de vigilancia de un comercio vecino. Para cuando los móviles se estacionaron en la puerta, el delincuente ya había logrado salir al techo, desde donde llegó a observar el despliegue policial sin ser interceptado.
La situación se tornó aún más increíble cuando los playeros de una estación de servicio Shell lindera y varios vecinos comenzaron a gritarle a los agentes que el sospechoso estaba a la vista sobre las chapas. Pese a que los uniformados llegaron a divisarlo e incluso el domo de monitoreo municipal constató la secuencia, la falta de reacción para subir a las estructuras le permitió al delincuente escapar con total impunidad, debiendo abandonar el botín en la huida. A lo largo de la seguidilla de robos sufridos este año, el comercio ya ha perdido desde dinero en efectivo y monitores hasta balanzas y cuchillas de trabajo esenciales.
Los damnificados expresaron con crudeza su desamparo frente a una modalidad de «entraderas nocturnas» que ya afectó a una granja, a otra fábrica de pastas y a una marroquinería de la misma cuadra. En un contexto de recesión y caída estrepitosa de las ventas, los propietarios —quienes debieron concurrir al lugar en plena madrugada junto a sus hijas pequeñas— aseguraron con impotencia que «Lanús es tierra de nadie» y que la combinación de la delincuencia con el consumo de sustancias en la vía pública hace que se viva en un estado de temor constante.
