El panorama de la nocturnidad en el Conurbano bonaerense atraviesa un quiebre histórico que marca el fin del ritual bailable tal como se conoció por décadas. El reciente cierre y remate de El Bosque, el emblemático bastión de la noche ubicado en Quilmes, encendió las alarmas de una industria en jaque. Este gigante, que supo ser el lugar de culto indiscutido para jóvenes y adultos de Florencio Varela, Berazategui, Sarandí y todo el esquema de Zona Sur, hoy aguarda un destino incierto donde los proyectos inmobiliarios asoman como la opción más firme para quedarse con el codiciado predio.
El caso del coloso quilmeño no es aislado; coincide temporalmente con la caída de otros monstruos de la noche como Pinar de Rocha en el Oeste y boliches porteños de la talla de City Hall o Brook, hoy convertidos en torres de departamentos. Desde la Cámara de Empresarios de Discotecas y Bares de la provincia de Buenos Aires (Cedeba), señalan que el sector arrastra un golpe letal desde la pandemia de coronavirus —donde cerraron cerca del 40% de los locales— y que actualmente padece una fuerte caída del consumo motivada por la realidad económica del país. Hoy en día, los jóvenes que eligen ir a un boliche optan por abonar una entrada que promedia los $20.000 o $30.000, pero restringen al mínimo los gastos adentro de la pista.
Sin embargo, los empresarios advierten que detrás de las persianas bajas de El Bosque no solo hay un factor de bolsillo, sino un profundo cambio cultural en las nuevas generaciones. El clásico esquema de bailar desde las doce de la noche hasta las seis de la mañana cedió terreno frente a una oferta hiperfragmentada. Los jóvenes del sur ahora eligen alternativas de esparcimiento que terminan más temprano o que resultan más económicas, mudando sus salidas hacia cervecerías artesanales, bares con juegos de mesa, afters y fiestas temáticas que ofrecen entornos más íntimos y accesibles.
Para los nostálgicos de la región, la desaparición de las míticas pistas de Quilmes reconfigura por completo la identidad de la noche sureña. Ante la imposibilidad de afrontar los altos costos de transporte, entradas y consumiciones, los grupos de amigos optan cada vez más por las reuniones en casas particulares o la previa extendida, dejando atrás la checklist obligatoria que durante más de treinta años coronó a El Bosque como el epicentro de la diversión en el sur del conurbano.
