El Granate derrotó 67-52 a San Isidro de Córdoba en el cuarto juego de la serie, selló la final 3-1 y concretó el ansiado regreso a la máxima categoría del básquet argentino después de diez años de ausencia.
El Microestadio Antonio Rotili fue el escenario de una gesta deportiva inolvidable para la zona sur del Conurbano. El Club Atlético Lanús se coronó campeón de la Liga Argentina de Básquetbol tras vencer a San Isidro de San Francisco, Córdoba, por un marcador de 67 a 52, sentenciando las finales con un global de 3 a 1. Con este triunfo indiscutible ante más de cinco mil personas, la institución de Arias y Guidi cerró una herida abierta en 2016 —año en el que había abandonado la élite de este deporte— y garantizó su boleto de retorno a la Liga Nacional (LNB) para la próxima temporada.
El encuentro definitorio estuvo signado por una fuerte carga emocional y una paridad táctica extrema. Aunque el conjunto cordobés arrancó mejor y dominó las acciones en el capítulo inicial, el Granate reaccionó a tiempo antes del entretiempo gracias a una ráfaga de 14 puntos consecutivos y conversiones desde el perímetro exterior. El quiebre del compromiso se consolidó en el último cuarto, instante en el que Lanús impuso su intensidad defensiva, oficio e intangibles para sacar una máxima ventaja de 15 unidades frente a un rival que no encontró respuestas colectivas ante la efectividad del dueño de casa.
El andamiaje de la victoria granate tuvo puntos muy altos en el plano individual. La dupla conformada por Martín Franchino (quien firmó un doble-doble de 13 puntos y 10 rebotes) y Lucio Reinaudi (13 tantos y 7 rebotes) lideró el tablero ofensivo, complementados por la gran tarea de Joaquín Noblega, Robert Whitfield y Michael Henry, todos con 11 anotaciones. Tras el bocinazo final, el parqué se transformó en una fiesta interminable de lágrimas, cánticos y abrazos entre hinchas y un plantel que devolvió al básquetbol de Lanús al sitio de privilegio que le corresponde por historia y tradición.
