El presidente Milei volvió a solicitar tiempo a una sociedad golpeada por la inflación, mientras el conflicto salarial escala en sectores clave. Crece la preocupación oficial ante la resistencia de los gremios y una reactivación económica que no llega a los bolsillos.
El Gobierno Nacional atraviesa uno de sus momentos más delicados en el frente interno. En sus últimas intervenciones, el presidente Javier Milei insistió en pedir «paciencia» a los argentinos, un recurso que parece empezar a agotarse ante la persistente pérdida del poder adquisitivo. Mientras el relato oficial se aferra a la disciplina fiscal, la realidad en las calles muestra un panorama distinto: conflictos salariales que se multiplican y una tensión creciente en los despachos de la Casa Rosada por la falta de acuerdos con sectores productivos y gremiales.
La preocupación del Ejecutivo no es menor. El estancamiento de las paritarias y la presión de los sindicatos amenazan con quebrar la paz social que el Gobierno intenta sostener como bandera de gobernabilidad. Con el consumo en niveles críticos y una clase media asfixiada por el aumento de tarifas, el interrogante que sobrevuela el arco político es cuánto más puede estirarse el margen de tolerancia social antes de que el descontento se traduzca en una parálisis de la gestión. Por ahora, la respuesta oficial sigue siendo la misma: esperar un «segundo semestre» que, para muchos, se siente cada vez más lejano.
