Tras diez días de misión en el espacio profundo, los cuatro astronautas se preparan para el amerizaje en el Océano Pacífico. Se trata de la etapa de mayor peligro debido a las temperaturas extremas que debe soportar el escudo térmico de la nave.
La misión Artemis II, que marca el regreso de naves tripuladas a las cercanías de la Luna después de más de medio siglo, entra en su fase final de máxima tensión. La cápsula Orion, con sus cuatro tripulantes a bordo, se encamina hacia un impacto controlado con la atmósfera terrestre a una velocidad superior a los 30.000 kilómetros por hora. Durante este proceso, la fricción generará una bola de plasma que interrumpirá las comunicaciones por varios minutos.
El operativo de recuperación ya está en posición frente a las costas de Baja California, donde barcos de la Marina y equipos especializados de la NASA aguardan el despliegue de los sistemas de paracaídas. Este paso es fundamental para validar la seguridad de la nave de cara a Artemis III, la misión que finalmente llevará a la primera mujer y al próximo hombre a caminar sobre la superficie lunar.
Los ingenieros de control en Houston monitorean segundo a segundo la trayectoria de descenso. Un ángulo de entrada perfecto es vital para evitar que la cápsula rebote en la atmósfera o se incinere. El éxito de este amerizaje representará un triunfo tecnológico para la exploración espacial internacional y el comienzo de una presencia humana permanente en el satélite natural.
