El legendario líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota murió a los 77 años. Diagnosticado con la enfermedad de Parkinson desde hacía una década, su partida marca el fin de una era para la cultura y el arte popular de nuestro país.
El universo cultural y musical de la República Argentina se encuentra atravesado por un profundo dolor. A la edad de 77 años, falleció Carlos Alberto «Indio» Solari, la figura más convocante, mítica y trascendental de la historia del rock nacional. La triste noticia se conoció luego de que el cantante y compositor atravesara una lucha de diez años contra la enfermedad de Parkinson, un diagnóstico que él mismo había hecho público en sus redes sociales con su habitual ironía y que finalmente puso fin a su existencia física.
Nacido el 17 de enero de 1949, Solari transitó gran parte de su infancia y juventud en la ciudad de La Plata. Fue allí donde, a mediados de la década de 1970, cruzó su camino con el guitarrista Skay Beilinson. De esa unión creativa e ideológica nació en 1976 un proyecto musical disruptivo: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, banda surgida como un desprendimiento de La Cofradía de la Flor Solar que, con los años, se transformaría en un fenómeno sociológico sin precedentes en el mundo de habla hispana. Bajo el liderazgo del «Indio» en la voz, Skay en la guitarra y Carmen «Negra» Poli en la gestión y el management, el grupo construyó las bases de la mística y la autogestión.
El inicio discográfico de la mítica «misa ricotera» se plasmó en 1984 con las grabaciones de Gulp!, el álbum debut que los propios integrantes debieron distribuir comercio por comercio con sus manos para ganarse un lugar en las bateas. El disco, grabado de forma independiente con la financiación de sus propios shows en los estudios de MIA (propiedad de la familia de Lito Vitale), incluyó la participación de músicos notables como Willy Crook y Gonzalo Palacios en saxo, y coros de Claudia Puyó. De aquella mítica presentación oficial de los temas en el emblemático local Cemento, tras quedar marginados del Teatro Astros, emergieron himnos eternos como “La Bestia Pop” y “Superlógico”. Con la partida del Indio, el rock argentino pierde a su poeta más enigmático y al guía espiritual de múltiples generaciones de fanáticos.
