El histórico dirigente de José C. Paz y actual vicepresidente primero de la Cámara Alta provincial cuestionó con dureza la gestión social y sanitaria del gobernador. Tras haber sido un férreo defensor del mandatario y el principal crítico de La Cámpora, sus declaraciones se alinean ahora con la estrategia de desgaste del kirchnerismo.
El mapa de lealtades y enfrentamientos en el peronismo de la provincia de Buenos Aires sumó un capítulo de fuerte impacto institucional. El senador provincial Mario Ishii, histórico caudillo de José C. Paz y actual vicepresidente primero de la Cámara Alta, se colocó en el epicentro del debate político al lanzar duras críticas contra la gestión del gobernador Axel Kicillof durante la última sesión legislativa, evidenciando un drástico cambio de postura en la descarnada interna que atraviesa el oficialismo provincial.
El detonante del cruce en el recinto fue el reclamo del dirigente paceño para forzar el tratamiento sobre tablas de un paquete de proyectos vinculados a declarar la emergencia sanitaria y alimentaria en el territorio bonaerense. Ante la negativa de la bancada oficialista de habilitar el debate inmediato, Ishii responsabilizó directamente al mandatario provincial: “Esto se tenía que tratar sobre tablas y el Gobernador no quiso que se trate”, disparó el legislador, cuya alocución debió ser interrumpida por la vicegobernadora y presidenta del cuerpo, Verónica Magario.
Para Ishii, la urgencia de las iniciativas no admite Dilaciones burocráticas en las comisiones parlamentarias. “La discusión política está tapando el desastre del Conurbano que se está incendiando”, advirtió el senador, quien además cuestionó las deficiencias edilicias y operativas de los hospitales públicos y lanzó una abierta invitación al Ejecutivo a «caminar el territorio» para tomar dimensión del impacto de la crisis social en los sectores más vulnerables.
De blindar al gobernador a la funcionalidad camporista
La contundencia de las declaraciones de Ishii encierra una profunda paradoja política si se repasa su trayectoria reciente. Hasta hace pocos meses, el exintendente de José C. Paz se erigía como uno de los principales escudos territoriales de Kicillof y un enemigo acérrimo de La Cámpora y de su conductor, el diputado Máximo Kirchner, a quienes acusaba sistemáticamente de «asfixiar» la gobernación bonaerense y de vaciar de representación legislativa a los municipios del interior y de su propia sección electoral.
«Banco a Axel hasta la muerte y lo voy a respaldar hasta las últimas consecuencias», había manifestado de forma taxativa a fines de 2024, oportunidad en la que también dictaminó que la expresidenta Cristina Kirchner estaba «mal asesorada» por el entorno camporista al avalar listas electorales diseñadas «a dedo» para concentrar cargos institucionales.
Sin embargo, el escenario actual muestra un reordenamiento de piezas. En el entorno de Kicillof interpretan que este sorpresivo viraje discursivo de Ishii no responde a una coincidencia programática con el kirchnerismo duro, sino a una estrategia coordinada para desgastar y condicionar políticamente al mandatario en múltiples frentes de conflicto. Con el peronismo bonaerense sumergido en una prematura disputa por el liderazgo tras el último recambio presidencial, los duros cuestionamientos del histórico barón del Conurbano terminan siendo funcionales al sector que busca limitar la proyección autónoma del gobernador.
