El dato del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo, que registró un alza del 3,4%, generó una inmediata respuesta del Ejecutivo nacional. El presidente Javier Milei reconoció la cifra como un «dato malo», pero centró su discurso en la desaceleración del acumulado interanual, que se posicionó en un 32,6%, el nivel más bajo en años para el cierre de un primer trimestre.
Desde la Casa Rosada interpretan que el incremento del 3,4% está traccionado por factores estacionales y el arrastre de precios relativos que aún no terminan de estabilizarse. Milei subrayó que el plan de shock monetario sigue dando resultados en la inflación núcleo, aunque admitió que el impacto en el poder adquisitivo es el flanco más sensible de su gestión. Esta admisión de un dato desfavorable busca mantener la credibilidad ante los mercados y la opinión pública, alejándose del triunfalismo de meses previos.
El análisis económico sugiere que, si bien el 3,4% es superior a lo esperado por las consultoras más optimistas, la caída desde el pico de la serie histórica permite al Gobierno sostener el relato de una «inflación en retirada». Sin embargo, el desafío político inmediato es contener la presión sindical y social que surge de un acumulado trimestral del 9,4%, cifra que pone a prueba los acuerdos paritarios y la paz social en los grandes centros urbanos como el AMBA y Córdoba.
El mercado aguarda ahora las señales del Banco Central respecto a la tasa de interés tras la confirmación de este nuevo dato inflacionario.
