El Gobernador bonaerense desembarcará este viernes en La Falda de la mano del sindicalista Héctor Daer. En paralelo, el nuevo espacio de «Los Federales» liderado por Victoria Tolosa Paz ya tendió puentes con intendentes cordobeses, marcando el inicio de una estrategia para sumar a Martín Llaryora a un armado nacional de cara a 2027.
El desembarco de Kicillof en la «Docta»
Axel Kicillof viajará a Córdoba para participar en un congreso del gremio de Sanidad (FATSA), invitado por Héctor Daer. Aunque la excusa es gremial, el trasfondo es netamente político: es su primera visita presencial para intentar «ablandar» su imagen en un territorio históricamente hostil al kirchnerismo.
La relación con su par cordobés, Martín Llaryora, es fluida y pragmática. Kicillof ha enviado recursos a Córdoba en situaciones de crisis, y ahora busca que esa gestión se traduzca en una alianza política que permita interpelar al votante del centro del país, distanciándose de las etiquetas más duras que suelen aplicarse a la dirigencia de La Plata.
El peronismo federal y la «pata» cordobesa
Mientras Kicillof prepara su viaje, el sector del peronismo federal que lidera la platense Victoria Tolosa Paz ya dio el primer paso. En un reciente acto en Parque Norte, lograron sentar a una treintena de intendentes cordobeses, quienes ven con buenos ojos una «reconversión» del peronismo nacional.
Desde este espacio subrayan que para conquistar Córdoba es necesario un discurso que no «huela a kirchnerismo». Tolosa Paz aprovecha los vínculos aceitados durante su paso por el Ministerio de Desarrollo Social para posicionarse como el nexo entre el Conurbano y el interior productivo, apostando a un esquema federal que hoy Llaryora no objeta.
El objetivo 2027: ¿Frente de unidad o internas?
La caída en la imagen del Gobierno Nacional ha acelerado los tiempos. El peronismo bonaerense sabe que sin Córdoba no hay retorno posible al poder nacional. El desafío es doble: lograr que el peronismo cordobés acepte confluir en un frente común y, al mismo tiempo, resolver las tensiones internas en Buenos Aires, donde el sector de Máximo Kirchner mantiene una postura más reticente a estos acercamientos amplios.
